DANZAR PARA SANAR.

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Normalmente se cree que para aprender a bailar hay que saber movimientos y pasos de danza, y en parte es cierto, aunque no siempre es así.

Dependiendo de su finalidad, el aprendizaje de la danza puede tener diferentes enfoques, y puede ser más importante aprender a ser que aprender a bailar. Si nuestro interés está dirigido a desarrollar nuestro potencial femenino o reforzar nuestra confianza debemos poner énfasis en buscar aquel movimiento específico que libere nuestro potencial y fortalezca nuestra confianza, en lugar de aprender un vasto repertorio de movimientos sin conexión entre sí. La danza entonces no es el fin, sino la herramienta que posibilita los cambios necesarios para alcanzar el bienestar físico y emocional.

Puede resultar extraño asistir a una clase de danza y no aprender a bailar. Mientras existan necesidades más importantes que demostrar destreza física, la danza en sí puede pasar a segundo plano. Vamos a desarrollar otras cualidades más importantes primero, a reconocer el potencial interno y cómo aprovecharlo; descubrir ese lado femenino, intuitivo, amoroso, suave y delicado; mejorar la postura transmitiendo seguridad y elegancia. Buscar la conexión con algo más que la mente, la conexión con la respiración, con la madre tierra, con el espíritu, con la emoción del momento presente, con la música, conmigo misma.

conmigo danzaY luego podemos comenzar a realizar algunos pasos o secuencia de danza, pero antes de bailar debemos aprender a ser generosas y brindarnos. Brindarnos a la música, saber entregarnos al movimiento y lo que éste exija: ahora me dejo mecer suavemente con la delicadeza del violín, me dejo vibrar aflojando toda tensión al escuchar las cuerdas del qanun, me permito ondear con el milenario sonido de la flauta, y me conecto con la tierra al escuchar los latidos del tambor. Vibrar, soltar, mecerse, dejarse llevar, respirar suavemente, girar, soñar… todo lo que la música permita y ofrezca a los sentidos.

Poco a poco se aprende a bailar, a entregar, a aflojar, ser. Poco a poco, sin brusquedad, sin ansiedades, sin necesidad de hacer, tan sólo experimentando y viviendo el momento. Aprender a danzar sin necesidad de alcanzar una meta, sembrando y cosechando en el camino, andando poco a poco, a paso tranquilo, escuchando cada nota y sintiendo como ésta se conecta a cada músculo del cuerpo creando movimiento, libremente, sin prisa pero con constancia.

Desarrollando el arte de escuchar y escucharme, aprendiendo a respetar mis tiempos y los tiempos de los demás. Medito mientras danzo, y danzo la vida, el amor, el sufrimiento, el olvido o el ensueño. Danzo lo que quiero ser y lo que soy hoy por hoy, y para eso no es necesario aprender pasos complicados o técnicas escénicas.

Por Neferú Iabet, terapeuta holística, bailarina.

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Het-Iunet Espacio de la Diosa
San José 1226 apto 401 esq Carlos Quijano
096 314 587
Edificio Piazza Duomo

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Por Neferú Iabet, bailarina y danzaterapeuta del Espacio de la Diosa.
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La primera vez que nos enfrentamos a un desafío podemos sentirnos un poco desanimadas cuando descubrimos, luego de intentar, que el desafío es mayor de lo que esperábamos. Normalmente eso es lo que le ocurre a quien toma una primera clase de Danza Oriental, sin saber que se encuentra dentro de la norma y que ese sentimiento de frustración se supera con el tiempo.
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¿Qué ocurre en una primera clase de danza? Que descubrimos nuestra incapacidad de realizar los movimientos más simples, sentimos que el cuerpo no nos responde como quisiéramos y puede que hasta experimentemos un sentimiento de vergüenza por creer que sólo hacemos el ridículo delante de las compañeras de clase.
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Pero esto, aunque por norma siempre ocurre, no es tan una situación tan incómoda si tenemos en cuenta algunas “reglas del juego”. Primero que nada hay que tener en claro que, si somos alumnas (no maestras), no tenemos que demostrar que podemos realizar los movimientos en forma exacta (algo que para una principiante es IMPOSIBLE de realizar). En realidad una alumna no tiene nada que demostrar, viene a aprender y no a demostrar. No hay que ponerse en un rol que no corresponde. Es común que las alumnas vengan a la primera clase diciendo que “no saben nada de danza, mucho menos bailar”, ¡y eso es justo lo que se espera de ellas! Que vengan a obtener conocimiento no a demostrarlo. Si no sabes bailar, entonces es mucho mejor porque vas a aprender algo nuevo desde cero.
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Ahora ya sabemos que no debemos esperar que el movimiento enseñado se manifieste milagrosamente en nuestro cuerpo, eso no va a suceder en una primera clase, ni en la segunda ni el los meses siguientes. Los movimientos de Danza Oriental no se aprenden, más bien se entrenan continuamente hasta que se logra la flexibilidad muscular necesaria para realizar cada movimiento. Poco a poco se va obteniendo fluidez, levedad, equilibrio, gracia, suavidad, elegancia… dependiendo de la facilidad para modificar patrones mentales, sociales y emocionales que cada mujer ha impuesto en su vida. De este entrenamiento se obtienen muchos beneficios porque lo que se termina flexibilizando es la personalidad, el carácter, la mente y, finalmente, el cuerpo que también acompaña el proceso adaptándose a lo nuevo. Abandonamos los patrones de miedo y abrazamos nuestra capacidad de adaptación que se refuerza paso a paso y danza a danza.
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En una clase de danza se trabaja la constancia, la fuerza de voluntad, la confianza en una misma. Tarde o temprano el miedo a “no poder” desaparece y la seguridad se refuerza. Entonces la alumna comprende que sí puede, aunque deberá seguir lidiando con sus limitaciones físicas y sus creencias limitantes. Al entrar a una clase hay que tener en claro que somos personas únicas, por lo que realizar comparaciones con otros es inútil. Nuestro ritmo de aprendizaje es único, así como también nuestra capacidad de asimilar nuevos conceptos. Por lo tanto debemos exigir que en clase se respete nuestra forma de aprender. No existen malos alumnos si el docente está bien capacitado para transmitir su experiencia y conocimiento. Las burlas, la crítica desmedida, la competencia entre alumnas, la desvalorización o el favoritismo de la docente no debe existir en la clase; si así fuera es mejor abandonar ese ambiente tóxico ya que el aprendizaje se vuelve difícil y la frustración una constante. En clase de danza cada alumna debe sentirse cómoda, feliz, libre para expresarse y sin miedo. La clase es un momento de disfrute, no un ring de competencia.
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La próxima vez que acudas a un taller de danzaterapia, o a tu primera clase recuerda que vas a experimentar con tu cuerpo y no te exijas ni mantengas expectativas. Disfruta la experiencia, observa cómo es la relación con tu cuerpo y qué puedes hacer para mejorarla; no lo sobreexijas, recuerda que eres una persona única y estás capacitada para aprender pero a tu propio ritmo. Si un movimiento te resulta más sencillo cuando lo ejecutas hacia la derecha pero se te dificulta hacerlo hacia la izquierda, eso es completamente normal y nos pasa a todas cuando trabajamos con ambos hemisferios del cerebro. El sentir enojo en las clases también es normal, sucede cuando se pierde el control del momento de danzar, porque la danza no se planifica, nace del corazón y no de la cabeza. Así que si crees que puedes pensar y danzar al mismo tiempo ve enterándote que no es posible, y dedícate a disfrutar de ese momento de silencio mental que se crea al bailar.
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Se debe aprender a bailar sin estrés, disfrutando del proceso y sin la ansiedad de querer alcanzar la meta. Para disfrutar de los beneficios de esta sanadora y maravillosa danza no se necesita más que: pasión, mucho amor, perseverancia, paciencia y deseos de encontrarse con una misma y amarse tal cual una es. Recuerda que la Danza Oriental se debe adaptar a tu persona, y no al revés. Si puedes caminar… ¡puedes bailar!

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La idea de crear el Espacio de Danza y Arte Femenino Het-Iunet nació en el año 2010 para dar a conocer una propuesta nueva y diferente: Danza Oriental Terapéutica. Hasta ese entonces la milenaria Danza Oriental (junto a las danzas árabes) se enseñaba únicamente en academias y estaba dirigida únicamente a quienes buscaban convertirse en bailarinas aficionadas o profesionales, pero no había un sitio para las mujeres que no tenían intención de bailar ante público. El Espacio Het-Iunet ofrecía esa opción que hacía tanta falta, permitiendo a las mujeres aprender a bailar sin la presión de vestir un traje de danza para exponer lo aprendido ante los demás. La real finalidad de la Danza Oriental terapéutica no es la danza en sí misma, ni la técnica que la acompaña. Su real función es mucho más amplia que crear pasos y enlazarlos al ritmo de la música, más bien se trata de dirigir a la mujer hacia el interior de su femenino escondido hasta revelarlo, sanando vínculos, superando obstáculos, extrayendo lo inútil para sembrar lo que verdaderamente nos brinda felicidad.

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Pasado el tiempo y logrado ese objetivo, continuamos agregando más cursos para el desarrollo espiritual femenino: clases e instructorado de yoga, lectura de Registros Akáshicos, Tarot terapéutico, así como también talleres y cursos dirigidos a la mujer. Muchas de esas actividades aún continúan mientras que otras se van renovando con el tiempo a medida de que ingresaban nuevos terapeutas con nuevos proyectos e ideas. Siete años más tarde el ciclo se renueva y el Espacio de Danza y Arte Femenino Het-Iunet pasa a ser el Het-Iunet Espacio de la Diosa. ¿Por qué el cambio de nombre? Porque a partir de ahora la Danza Oriental que es el “Arte Femenino” por excelencia, ofrece un nuevo camino para su aprendizaje, más accesible a toda mujer sin importar la edad o momento de la vida en que se encuentre. Esta forma de abordar la danza femenina es más simple y más pura. Más simple porque deja de lado los adornos que hoy visten la Danza Oriental que exige gran elasticidad, fuerza y entrenamiento intenso. Si la danza es simple es posible ejecutarla sin perder belleza y encanto; hacer lo que está a nuestro alcance nos permite alcanzar nuestras metas. La clave es adecuar la danza a la bailarina y no que deba ser al revés. Más pura porque rescatamos la mística y la sabiduría que esconde cada movimiento revelando las formas circulares con las que dirigimos la energía a través de nuestro propio cuerpo. Rescatamos el sentimiento tribal que tuvo la danza en sus orígenes compartiendo secretos, alegría y amor en nuestra danza.
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Es importante tener en claro que la danza sanación no está dirigida a quien está buscando una formación seria como bailarina, para eso están las academias (y en nuestro país ya existen academias que brindan una excelente formación como profesional de la danza); esta modalidad es tanto para quienes están pasando una dificultad y necesitan empoderarse y desarrollar la autoestima, como también para mujeres que jamás se ejercitaron pero aman la danza y desean aprender para darse un gusto personal. Como herramienta terapéutica se utiliza para ayudar a las mujeres que sufren o han sufrido violencia, quienes se recuperan de una enfermedad terminal, se han realizado una mastectomía o enfrentan discriminación. También se recomienda para reforzar una terapia sexual o de pareja.
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A una nueva forma de vivir la danza se suma el Espacio de Sanación y Terapias Complementarias. La sanación viene de la mano de la danza, ya que al danzar se lleva a cabo una sanación intensa en la mente, el cuerpo y el espíritu. La Diosa de nuestro espacio realiza estas dos actividades de forma conjunta y separada. Desde siempre la imagen de Het-Iunet ha sido la diosa egipcia Hat-Hur que se manifiesta como música, siendo la creadora de la danza, patrona de las bailarinas y símbolo de femineidad. La naturaleza de esta deidad es doble, lo que quiere decir que ella se manifiesta como dos diosas diferentes. Hat-Hur es musical, mientras que la otra, Sakhemut, es la sanadora. El Espacio de Sanación está dedicado a esta segunda divinidad y brinda Sanación Zen, sanación e iniciación Reiki, así como también encuentros para reikistas y lectura de Registros Akáshicos para resolver situaciones a mayor profundidad.
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sahiLa última novedad es el curso de Filosofía Egipcia Ancestral. Estas clases se basan en lecturas de Registros Akáshicos que nos revelan la sabiduría de la antigua tradición egipcia (a la que pertenece nuestra diosa Hat-Hur Sakhemut). La filosofía es un camino que nos dirige al desarrollo espiritual, en ella encontramos muchas de las respuestas que estamos buscando y se nos revela la verdad que a veces no queremos ver o se nubla a causa de nuestros miedos. El Espacio de la Diosa con todo su simbolismo escondido crea el ambiente ideal para desarrollar la disciplina antigua de “escuchar el corazón”.
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La Diosa da la bienvenida todas las mujeres que desean bailar para sanar, para conectarse y para vivir su femenino a pleno. Bienvenidos los que eligen transformar la enfermedad en oportunidad de aprendizaje en el Espacio de Sanación. Bienvenidos todos los que deseen ingresar en el maravilloso universo Reiki, iniciarse y/o formar parte de nuestros encuentros semanales. Bienvenidas todas las personas que sientan el “llamado” del Ser Interior y quieran desarrollar la escucha interior y conectarse con la sabiduría de sus ancestros mediante la Filosofía Egipcia Ancestral y los Registros Akáshicos. A todos la Diosa les da la bienvenida.
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Todo el mundo tiene períodos difíciles en su vida. En estos períodos la persona es demasiado emocional.

Pero, muchas personas no son conscientes de que esas emociones pueden conducir a un empeoramiento de su salud física

La Dr. Susan Babel es una psicólogo que se especializa en el trauma causado por la depresión. Estudios han demostrado que el dolor crónico puede ser causado por una lesión física, sino también por el estrés y los problemas emocionales.

A menudo, las funciones de dolor físico advierten a una persona que todavía hay trabajo emocional por hacer ¿Qué quieren decir cada dolor que se experimenta significa eso? En este artículo aprenderá más.

 

Dolor en la cabeza.

El dolor en la cabeza, como dolores de cabeza y migrañas, puede ser provocada por el estrés del día a día de la vida. Asegúrate de tomar tiempo cada día para relajarte. Haz algo que alivie la tensión.

Dolor en el cuello

Si estás experimentando dolor en el cuello, esto podría ser una señal de que tienes dificultades con el perdón a los demás, o a ti mismo. Si estás experimentando este tipo de dolor, debes pensar en el amor sobre ti mismo y otras personas a tu alrededor. Trata de poner un poco más de esfuerzo hacia el perdón

Dolor en los hombros

Las personas que llevan alguna carga emocional grave podrían sentir algo de dolor en sus hombros. Probablemente has oído hablar de la frase “asumir un problema”. Trata de concentrarte en alguna resolución de problemas proactiva y comparte tu carga emocional con otras personas en tu vida.

Dolor en la parte superior de la espalda

Las personas que no tienen suficiente apoyo emocional podrían sentir algo de dolor en la parte superior de la espalda. Si te sientse solo y sin amor, o todavía estás sufriendo de tu último amor, entonces es el momento para algunas cosas nuevas en tu vida.

Dolor en la parte baja de la espalda

El dolor de espalda puede aparecer como resultado de la preocupación sobre los problemas de dinero, o no un suficiente apoyo emocional. Si tienes este problema, entonces debes encontrar un planificador financiero con el fin de ayudar a hacer buen uso de tu dinero.

Dolor en los codos

Si sientes un poco de dolor en los codos, podría ser consecuencia de tu rigidez en tu vida. Haz algunos cambios en tu vida y sacudir las cosas y las personas a tu alrededor. Cambiar el color de tus paredes o cualquier otra cosa que te hagan satisfacer.

Dolor en las manos

Las manos son necesarias para llegar a alguien y conectar con la persona. Si no estás haciendo esto a menudo un poco de dolor en la mano podría aparecer. Conoce a nuevos amigos, tener un almuerzo o un café con un colega. Establezca una conexión con el mundo que te rodea.

Dolor en las caderas

Si no está físicamente activo puedes sentir un poco de dolor en las caderas. Las caderas enfermizas podrían señalar que no se está moviendo y cambiando algunas cosas en tu vida. Podría ser una señal de que no estás haciendo decisiones a menudo. Si tiene algunas ideas en tu mente, ve por ellas!

Dolor en las rodillas

Hay muchos factores que pueden causar un dolor en la rodilla, pero puede ser también una señal de un gran ego. Tal vez estás pensando que eres mejor que todos los demás a tu alrededor. Trata de ser una persona decente y pasar algún tiempo con otras personas. El voluntariado es una buena manera de llevarse bien con otras personas también. Verás que todos son iguales, todos son personas como tu.

Dolor en las pantorrillas

Si estás experimentando alguna tensión emocional es posible que estés sintiendo algo de dolor en la pantorrilla. Este dolor puede ser causado por el estrés. Si hay algo grande que no quieres renunciar, tal vez es hora de dejarlo.

Dolor en los tobillos

El dolor de tobillo puede ser causado por la falta de placer en tu vida. Podrías poner más esfuerzo en tu vida romántica.

Dolor en los pies

El dolor de pies puede ser un signo de depresión. Si eres demasiado negativo, entonces es muy posible que sienta algo de dolor en tus pies. Trata de encontrar un poco de alegría en tu vida. Puedes encontrar algún hobby que te haga sentir mejor.

 

Por Neferú Iabet, bailarina y danzaterapeuta del Espacio de la Diosa.

Hoy al finalizar un show de Danza Oriental una señora se me acercó y explicó que le encanta la danza, quizás debido a sus raíces libanesas, pero nunca pudo aprender. Le pregunté por qué no intentaba tomar clases a lo que me respondió que ya no estaba en edad de aprender a bailar.

¿A qué edad se puede aprender Danza Oriental? La respuesta va a depender de la finalidad, el para qué queremos aprender a bailar. Si lo que deseamos es convertirnos en una profesional de la Danza Oriental y dedicarnos de por vida a este arte, entonces conviene comenzar desde adolescentes o quizás unos años antes, en una academia prestigiosa que permita a sus alumnas desarrollar todo su potencial y convertirlas en futuras artistas de la danza. Hoy en día muchas academias cuentan con la infraestructura y la calidad docente que las bailarinas necesitan para aprender profesionalmente tanto la Danza Oriental como las danzas árabes.

Pero, ¿si no es eso lo que estamos buscando?… Imaginemos a María, un ama de casa, esposa y madre que desea aprender por el simple gusto de bailar, pero no desea convertirse en profesional. Esta señora puede tener 30, 40, 60 años o más, puede gustar o no de la música clásica, puede no diferenciar entre una danza folclórica y una clásica y puede no haber realizado ejercicio en los últimos 20 o 30 años de su vida y estar algo rellenita. No obstante todo lo que tiene en contra (edad, sobrepeso, falta de ejercicio, y un desconocimiento rotundo de lo que a danzas respecta) no es impedimento para aprender a bailar, y María sólo requiere de tiempo para tomar clases de danza (con una hora a la semana es suficiente).

¿Y qué puede aprender una mujer como ella? Muchas cosas que beneficiarán su vida. A María las clases de danza le van a proporcionar un espacio donde divertirse y conocer a otras mujeres con sus mismas dificultades y deseos de aprender; mejorará su aspecto, revitalizará a su niña interior y ganará elegancia, armonía, flexibilidad y coordinación. Y de paso bajará de peso pues una clase de danza quema muchas calorías.

Al principio será difícil como todo lo nuevo, deberá reforzar su paciencia para superar sus deseos de escapar de la clase. Pero esa sensación dura sólo unas semanas o quizás el primer mes, luego deja lugar a un sentimiento de valoración cuando se percibe que el cuerpo se flexibiliza permitiendo realizar los primeros movimientos redondos de forma satisfactoria. Entonces se descubre que no es imposible, y poco a poco la danza se vuelve accesible y la clase placentera. Es en este momento cuando María se da cuenta que su dinero, tiempo y dedicación sí están dando fruto y convertirse en bailarina oriental es sólo cuestión de tiempo.

El aprendizaje de la danza puede abordarse en cualquier momento de la vida, y el enfoque que se le de dependerá de la finalidad del aprendizaje. Una mujer que desea bailar para sí tendrá ciertas expectativas que serán diferentes de aquellas que tiene una bailarina que desea profesionalizarse para entrar al mercado laboral.

Es importante dejar en claro que si el nivel de exigencia es diferente lo será también el resultado técnico. La danza de una bailarina profesional no será la misma danza que interpretará María aunque ambas hayan dedicado los mismos años a estudiar baile. La ejecución técnica será diferente mientras que el manejo de escenario y de público será inexistente en una bailarina que jamás se haya dedicado a exponer su danza a otros; pero ambas mujeres tendrán mucho en común: la pasión, la alegría, la belleza, la gracia, la femineidad, la dulzura y la satisfacción de ser bailarinas meciéndose a la música y volando con los pies en el suelo.

¿Qué se necesita María para aprender Danza Oriental? Compromiso consigo misma, amor interior, entrega y saber reírse de todas sus equivocaciones. Necesita una docente que acepte el reto de enseñar y transmitir el arte a mujeres muy diversas que, como María, acordaron no pisar un escenario pues no es esa la finalidad de su danza.

Como está fuera de forma porque jamás hizo ejercicio y mucho menos danza, María necesita un ambiente de clase donde exista la camaradería y no la competencia, donde unas y otras se ayuden, apoyen y escuchen, y donde cada mujer sea valorada y respetada, sin presiones permitiendo que sus capacidades se desarrollen en forma suave pero constante. A María, al igual que todas nosotras, no le gusta hacer el ridículo ni que se rían de ella y tiene mucho para dar, para compartir y para enseñar también. Puede aprender a bailar pero en el lugar correcto y con el método de aprendizaje correcto, que se amolde a ella y a sus necesidades (y no al revés), y le permita practicar la danza como una filosofía de vida y de crecimiento interior.

Animo a todas las Marías que se consideran “mayores”, “gorditas”, “viejas”, “duras”, “tímidas”, a dejar de lado sus preconceptos y experimenten una clase de danza. Sólo quien no se anima desconoce la fuerza de su voluntad y la hermosa bailarina que puede llegar a ser.

 

Por Neferú Iabet, danzaterapeuta del Espacio de la Diosa.

Bailarina Nesrine (Brasil)

Cuando hablamos de Danza Oriental con enfoque terapéutico no nos referimos a la danza de escenario ni a la preparación que requiere transformarse en un artista de la danza. La danza que se ofrece como terapia es un camino de introspección, de autodescubrimiento por medio del movimiento consciente. Es una búsqueda más que un entrenamiento físico, es una motivación que nos lleva a identificarnos como mujer.

Las mujeres que se encuentran en una búsqueda de su identidad femenina es porque no se reconocen como femeninas, sensuales y sexuales (sin mezclar las dos cosas). La sexualidad de la mujer puede llegar a opacarse por la falta de conexión con su cuerpo (debido a prejuicios y malinterpretaciones). Muchas mujeres “experimentan” la vida a través de la mente y desnaturalizan el cuerpo alejándose cada vez más de las emociones y sensaciones que éste aporta. La vida no pasa por la mente, ¡pasa por el cuerpo! Experimentamos a través y con nuestro cuerpo, nos conectamos a través y con nuestro cuerpo y exteriorizamos miedos y emociones mediante el cuerpo. El cuerpo se convierte entonces en el vehículo a través del cual nos comunicamos y manifestamos en el mundo y nos reconocemos parte de él. Esta comunicación comienza en nosotras, a través de un diálogo interior que se va haciendo cada vez más fluido e intenso. Cuanto más fluida sea nuestra comunicación interior más fácil nos será comunicar nuestros deseos, ideas, necesidades, etc. Y la danza puede despertar esa comunicación y fortalecerla.

¿Qué aporta la danza? Nos obliga a vivir en el momento presente porque la danza está relacionada directamente a la música y a sus tiempos. La danza nos enseña a vivir cada momento (tiempo musical) con intensidad para luego soltarlo y pasar al momento siguiente, porque la música fluye y nos obliga a fluir con ella. Al estar tan conectada la danza a la música nos enseña a escuchar hacia afuera y hacia adentro. Aprendemos a disfrutar tanto la música como el movimiento, a aquietar nuestra mente para lograr escuchar, aquietar nuestros miedos y preocupaciones para escuchar esa nota lejana y sumarla como una pieza más al rompecabezas musical.

Cuando bailamos la música le habla al corazón y la mente hace silencio para escuchar ese diálogo precioso. El cuerpo se vuelve un estallido de sonidos y nos va guiando con cuidado a través de ritmo y melodía hasta confundirnos con la música. ¿Será por esta singular alianza entre música y cuerpo que la danza es considerada una meditación en movimiento?

Het-Iunet Espacio de la Diosa
San José 1226 Apto. 401
Edificio Piazza Duomo
Cel/Whatsapp: 096 314 587

Web: http://danzaterapia-oriental.webnode.com.uy/

Montevideo – Uruguay


¡Hola! ¡Bienvenidas a Het-Iunet el Espacio de la Diosa!

En el Espacio de la Diosa le damos prioridad a nuestra esencia femenina, a nuestros sentimientos y creatividad. En cada encuentro vamos develando el antiguo arte de la Danza Oriental que compartimos unas con otras; nos reencontramos con nosotras mismas y con nuestro potencial; nos damos permiso para distendernos, divertirnos y ser felices.

Het-Iunet Espacio de la Diosa es para eso, para compartir, vivenciar y transmitir los secretos de la Danza del Oriente y del arte de ser mujer.

Actividades que realizamos en nuestro Espacio:

– Clases de Danza Oriental con enfoque terapéutico.

– Clases de Danza Oriental terapéutica para adultas mayores y para embarazadas.

-Bellydance Fitness.

-Ballet Fitness.

– Lectura Avanzada de Registros Akáshicos.

– Iniciación en los niveles I y II de Registros Akáshicos.

– Iniciaciones de Reiki Usui y Reiki Seichim (Sanación Egipcia).

–  Filosofía Egipcia Ancestral mediante lectura de Registros Akáshicos.

– Talleres femeninos.

– Círculos de Mujeres.

– Sesiones de Rejuvenecimiento Facial Energético de Access.

– Espacio de Reiki y Terapias Complementarias (sesiones de Reiki, Sanación Zen, Sanación Egipcia, Psicocirugía Reiki, alineación de chakras)

– Espectáculos de Danza Oriental con el ballet Jaial Sharki.

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